Desde Polonia


Hola!

¿Cómo va todo? La verdad es que no sabia muy bien cómo empezar esta carta y esa es sinceramente la mejor y la peor forma en la que se me ha ocurrido.

Bueno tú no me conoces, ni yo a ti en realidad, así que me presento, mi nombre es Aida, soy una periodista española y actualmente te escribo desde un poquito lejos porque estoy viviendo en Polonia.

Como te decía no nos conocemos mucho, pero yo siento que yo a ti te conozco un poquito más porque seguro que he hablado de ti en alguna de las noticias que doy en la agencia donde trabajo, pero como esas noticias no son nada personales pues he preferido escribirte una carta, siempre es más personal a mano, pero tengo una letra terrible y siendo sincera soy más hábil con el teclado.

Es tarde, casi las 12 de la noche, y hoy ha sido el día del libro (y el día de Sant Jordi, y de Castilla y León, y de Aragón, vamos un día cargadito. Pero como te decía, para mí lo más llamativo es que es el día del libro, porque a mi me gustan mucho los libros y las letras en general, una de mis cosas favoritas de Madrid durante los tres años que viví allí era la feria del libro en el Retiro.

Últimamente me ha vuelto a dar por leer poesía, se ve que con la cabeza en tantos líos no me concentro para una novela entera, pero sí para apreciar la belleza de los poemas.

Aprovechando esta carta, he decidido que como todavía es el día del libro, voy a incluir un pequeño poema, es la segunda parte del poema “El Herido” de Miguel Hernández, al que también le puso música Serrat, y es uno de mis poemas favoritos desde hace muchos años, espero que te guste.

Para la libertad sangro, lucho, pervivo. Para la libertad, mis ojos y mis manos, como un árbol carnal, generoso y cautivo, doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas, y entro en los hospitales, y entro en los algodones como en las azucenas.

Para la libertad me desprendo a balazos de los que han revolcado su estatua por el lodo. Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos, de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan, ella pondrá dos piedras de futura mirada y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida. Porque soy como el árbol talado, que retoño: porque aún tengo la vida.

Hoy como bien dice el poema espero que esta carta entre en los hospitales, en tu hospital, y con ella un poquito de libertad, de esa que tanto añoramos, desde las camas y desde los balcones, se nos pierde la mirada buscando esa libertad anhelada que nos devuelva las alas.

Bueno no quiero extenderme mucho, ni ponerme filosófica, así que ya tengo poco más que decirte. Me alegro mucho de haber pasado este ratito contigo, y te mando un abrazo fuerte, directo por la banda ancha de Internet desde la ciudad de Gdansk hasta la puerta de tu habitación.

Gracias por este ratito, y mucha fuerza.

Aida.

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