El niño de papel


Mis queridos amigos:Estáis aburridos y fastidiados. Yo, encerrada en mi prisión, como todos…El objeto de esta carta no es otro que entreteneros y haceros pasar un rato agradable, y así despistar un rato a la VIRUTA.Soy escritora: prosista y poeta, además de pintora, por lo que la creatividad forma parte esencial de mi vida, y por ello, también estoy disfrutando al escribiros mis cositas. Para pasarlo bien os voy a relatar unos de mis cuentos.¡¡¡A disfrutar!!!
EL NIÑO DE PAPEL

Papiro no era un niño como los demás, no tenía carne ni sangre ni huesos: era de papel y por eso cuando nació sus padres le pusieron ese nombre.Tenía varios problemas importantes: cuando llovía se deshacía. Con los cambios de temperatura se resquebrajaba. Cuando alguien necesitaba escribir y no tenía libreta a mano, lo hacía sobre su cuerpo; con lo cual el pobre Papiro quedaba lleno de anotaciones de compras de mercado, de números de teléfono, de e-mails…que luego tenía que eliminar su madre con gomas de borrar especiales.También tenía sus ventajas: nunca sentía frío y nunca sentía calor, no necesitaba ropa ni tenía que comprar folios, con lo cual sus padres ahorraban un montón de dinero.Papiro era superlisto: mucho más que sus hermanos de carne y hueso, y que todos los niños de la escuela; por eso le tenían un poquitín de manía; ya se sabe lo que son las verdes envidias…Pero a él no le importaba nada todo eso: siempre ayudaba a hacer los deberes a los demás,a preparar obras de teatro para la Navidad, a mediar en las riñas tontas de sus hermanos. En fin, todo un encanto del que sus padres se sentían enormemente orgullosos, a pesar de la rareza de su naturaleza papírica a la cual no habían encontrado nunca explicación, ni ellos, ni los mejores científicos del país.Pero Papiro se haría un día mayor y tendría que formar una familia…En fin, lo normal entre todos los seres vivos del planeta Tierra. Y a Papiro¿quién lo querría para formar pareja con lo especialito que era?. Todas estas preguntas se las hacían sus progenitores una y otra vez con evidente preocupación. Lo mejor, se decían, es que Papiro no se hiciese mayor nunca. Que jamás creciera y continuase siendo el maravilloso niño de papel que ahora era.Pero todos esos deseos no eran más que eso: deseos. Y Papiro, sin que nadie pudiese evitarlo, se hizo mayor. Y la tristeza, que empezó a invadir su alma, fue poco a poco acartonando su corazón de celulosa sin que nadie de los que le amaban pudiese evitarlo.- ¿Qué podemos hacer para que sonría de nuevo?- preguntaba el padre al resto de la familia.- Llevémosle al circo, quizá con los payasos consiga reírse- dijo uno de sus hermanos de carne y hueso.- Yo creo que sería mejor buscarle novia- comentó otro de sus hermanos- , tal vez si encontramos a alguien de papel de estraza…- Pero eso ¿no sería mejor que lo buscase él?- apuntilló su hermana menor.Lo que no sabían ellos es que Papiro los escuchaba sin que se dieran cuenta y, a pesar de sus buenas intenciones, todos estos propósitos le entristecían aún más.No obstante Papiro procuraba hacer la vida todo lo normal que le era posible, dadas las circunstancias, procurando pensar lo menos posible en el futuro, hasta que un día…Fue una mañana de principios de abril cuando, paseando por el Campo Grande, oyó un llanto cerca del estanque. Se acercó intrigado y entonces vio a una joven bellísima que, sentada en un banco debajo de un castaño de indias, lloraba desconsoladamente.- ¿Puedes decirme por qué lloras y si puedo ayudarte en algo?- preguntó Papiro vivamente impresionando por la belleza de la joven.- Sí, claro que puedo decírtelo, aunque dudo que puedas hacer nada- dijo mientras se enjugaba las lágrimas.”Verás, mi nombre es Traslúcida y como podrás ver no soy una chica normal sino que soy de papel cebolla, y siendo así: ¿Quién me va a querer para esposa?. Nunca encontraré marido y tampoco tendré hijos que me consuelen en la vejez, ¿Comprendes ahora mi dolor?Papiro al escuchar estas palabras miró a Traslúcida a los ojos y vio que dos enormes surcos se habían formado por donde resbalaron las lágrimas y sintió cómo su alma se llenaba de ternura y cómo la ternura no deshacía su cuerpo de papel.Fue en ese cruce de miradas cuando, Traslúcida y Papiro, comprendieron que el Amor, actuando como un pegamento rápido, había unido sus corazones. Sus almas, antes tristes y melancólicas, se fueron llenando de dicha y felicidad.Papiro y Traslúcida se casaron y no volvieron a conocer la tristeza y junto a sus hijos, numerosos y bellos papeles de celofán de colores, formaron la familia más feliz de la ciudad.

Y con mi cariño…COLORÍN COLORADO, ESTE CUENTO SE HA ACABADO
Sanad pronto. ANA  VARA

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