No te rindas, por favor, no cedas


Escribir una carta es fácil cuando sabes a quién va dirigida, aunque no tengas muy claro qué quieres contar o cómo vas a organizar tus ideas… pero escribir una carta a ciegas, es todo un reto! Y más cuando al teclado de este ordenador le fallan algunas teclas! Pero ya no hay vuelta atrás.
Imagino como estás ahora, en una cama con mil botones que hacen que pueda subir y bajar, o en un sillón articulado, que aunque parezca cómodo, muele toda espalda que pasa una noche en él. No lo sé porque lo haya probado, lo sé porque lo he visto desde el otro lado.
Soy enfermera.
A pesar de mi corta vida laboral (veo la jubilación muy pero que muy lejana), créeme que he perdido la cuenta de las de veces que he visto esas camas y esos sillones, de las veces que he puesto una vía, un antibiótico, he tomado una tensión o he llevado un desayuno a alguno de ellos. Quién me iba a decir que ahora lo tendría que hacer vestida con una bata verde, dos mascarillas, dos pares de guantes y gafas. Lo peor no es el calor que pasas con todo ello puesto. Lo peor es que quien te mira no puede ver la sonrisa que quieres dedicarles.
Estoy segura de que ni tú ni yo nos imaginábamos que íbamos a estar donde estamos hace dos semanas. De que tendríamos que tachar tantas fechas del calendario. De que todo iba a dar un giro tan tremendo. Pero aquí estamos… reorganizando la vida como podemos, renunciando a muchos planes, pero soñando con tantos otros. Imaginando cuántos abrazos vamos a dar, cuantos paseos, cuantos reencuentros, cuantos viajes… cuando todo acabe, porque esto acabará, créeme que acabará.
Llegará un día en el que un médico/a llegue a tu habitación, con uno de esos trajes galácticos que ya estarás acostumbrado a ver, y te diga que te vas a casa, por fin. Te cruzarás con las miradas de todas esas personas que estos días te han cuidado, que han luchado contigo y por ti, y además, han librado su propia batalla. Y aunque la mascarilla lo oculte, ten por seguro que debajo de ella hay una enorme sonrisa.
Cuida de ti y de los tuyos, no dejes pasar ningún momento para agradecer y recordar a las personas importantes que las quieres. No pierdas tiempo enfadándote o buscando culpables, por desgracia no arregla nada. Intenta sacar algo positivo de todo esto, porque aunque no lo parezca, siempre lo hay. Te deseo lo mejor y toda la felicidad que en esta vida seas capaz de cultivar.
Nos vemos en los bares, seguro que pronto. Fuerza, ánimo y un fortísimo abrazo.
No te rindas, por favor, no cedas, aunque el frío queme, aunque el cielo muerda, aunque el sol se esconda y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños. Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento, porque no estás solo, porque yo te quiero.” – Mario Benedetti.

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