Estamos hechos para vivir


Querido vecino,
Mi nombre es Luis y vivo en Alcalá de Henares. Tengo 49 años y soy
abogado o vampiro según otros. Por razón de mi trabajo, soy de los
privilegiados que, a día de hoy, puedo trabajar algo desde mi domicilio
acompañado de los míos, mi esposa y dos hijos. La situación que vivimos, nos
preocupa muchísimo porque tanto mi esposa como yo tenemos padres
mayores, como bien sabe, dentro del perfil de mayor riesgo y exposición de
este virus.
A pesar de que no nos conocemos, quiero decirle desde lo más profundo
de mi corazón que, lamento muchísimo que se encuentre enfermo. La verdad
es que, aunque intento sentir y comprender lo que usted está teniendo que
vivir, probablemente la realidad supera con creces mi imaginación. Trato de
imaginar lo difícil que resultará sobrellevar su día a día en soledad, rodeado de
muchas otras personas enfermas como usted, sin poder hablar con nadie. Ver
además el cansancio, la frustración y la incertidumbre en el personal sanitario
que les atiende, auténticos héroes que, a pesar de la adversidad y el riesgo, se
juegan la vida para cuidarnos y velar por nuestro cuidado físico y mental. Que
esté usted tan aislado es una situación que, aunque entiendo que es muy dura,
ambos sabemos que es necesaria.
Probablemente, quizás no pueda si quiera hablar un instante al día con
sus seres queridos, familiares, amigos, o alguien con quien desahogarse. Esto
afecta nuestra moral y nuestras emociones. Ninguno estamos preparado para
estar enfermos y por desgracia, las enfermedades nos hacen ver lo frágiles que
somos todas las personas, con independencia de nuestra formación
académica, antecedentes culturales, raza o religión. A pesar de todo, ¿sabe
que, aunque las enfermedades nos dominen físicamente, no tienen por qué
someternos mental y emocionalmente.
Tenemos muchas razones para afrontar con ganas y confianza el futuro.
La primera de ellas, es que estamos hechos para vivir, sí vivir para siempre. Un
rey de la antigüedad conocido por su inigualable sabiduría afirmó (Eclesiastés
3:11) que, Dios ha “inculcado la eternidad en el corazón” del hombre. Por eso,
a pesar de estar enfermos o hacernos mayores, seguimos con ganas de
trabajar, desarrollar proyectos, viajar, explorar y aprender, aun cuando
envejecemos. Aún mejor, qué decir de nuestra familia y nuestros amigos que
esperan con impaciencia que nos recuperemos. ¿No merece todo ello que
luchemos con todas nuestras fuerzas física y mentalmente para sobrevivir?
Personalmente, a pesar de lo que vivimos, tengo una gran esperanza en
nuestro futuro. Probablemente como muchas personas que creen o han creído
en Dios, ha repetido unas palabras mencionadas por Jesucristo escritas en
Mateo 6:10, palabras que se incluyen en la oración del Padrenuestro, “Venga tu
Reino para que se efectúe tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo”.
Seguro que concuerda conmigo en que, ahora, no se hace la voluntad de Dios
en la tierra, ¿no es verdad? No es así, pero lo será muy pronto. ¿Qué cambiará
cuando esto sea una realidad? Muchas cosas. Algunas de ellas: 1) ningún

habitante de la tierra dirá: “Estoy enfermo” (Isaías 33:24); 2) Los justos
heredarán la tierra y vivirán en ella para siempre (salmo 37:29). ¿Le parece
una ficción? Es normal pensarlo. Pero un libro antiguo lleno de sabiduría, dice
de Dios que “Él no puede mentir” (Tito 1:2). Por eso sabemos que con total
seguridad se cumplirán.
Quizás no piense de la misma manera, porque tiene otras convicciones y
más aún, quizás, de estar bien, querría realizar alguna apreciación. Será muy
bonito escucharle en otro momento cuando esté plenamente recuperado.
Algunas personas se preguntan, ¿Por qué Dios no actúa ya? ¿Por qué permite
Dios que gente inocente sufra? Estaría encantado de escuchar sus
impresiones al respecto personalmente y créame que, lamento que no pueda
ser por ahora. Puede que, cuando se sienta mejor, desee hacerlo.
Me gusta el lema de un famoso humorista, que afirmó: “voy a vivir para
siempre o moriré en el intento” Por ello, deseo de corazón que usted se mejore
pronto y que luche con todas sus fuerzas contra esta enfermedad para que los
suyos y sus amigos pronto se reúnan con usted. Mientras se recupere piense
en estas palabras que, buscan la manera de darle ánimo y consuelo en estos
momentos tan difíciles.
Reciba de mí y mi familia mis mejores deseos para usted. Reciba un
cordial saludo.
Atentamente,

Luis Díaz-Chirón

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