Abrazos apretados


Hola. Pues aquí estamos. Unos, vosotros, ahí, atendiditos y cuidados
que para eso tenemos la mejor sanidad del mundo, y los demás en
casa, procurando que pasen las horas lo mejor posible. En síntesis, la
misma aspiración y ‘ocupación’ de quienes os encontráis
hospitalizados.
Ahora bien, cómo cambian las cosas de un día para otro. Ayer, sin ir
más lejos, cuando me acerqué al súper (en mi caso, a uno de
Mercadona por su proximidad con mi domicilio) me encontré con el
operario de la limpieza viaria. Entre nosotros y para dejarnos de
eufemismos con el barrendero. Y vi al hombre triste. Y, claro, desde
la distancia de más de dos metros (ya sabéis que esas son las normas
sanitarias por causa del dichoso virus) le pregunté qué le pasaba. Y
Juan (nombre ficticio, naturalmente), me dijo que estaba aburrido.
¿Aburrido?, inquirí. Me dejaba perplejo.
Después de unos segundos en silencio me lo explicó. “Pues verás,
amigo, yo estoy acostumbrado a trabajar y a trabajar duro; ya sabes
lo que es esto del escobón. Pero ¡chico! Es que la ciudad está tan
limpia con eso del confinamiento… que no doy ni golpe”. ¡No me
digas!, le repliqué. Y Juan, riéndose, me lo aclaró. “Fíjate como
estarán las calles de limpitas, que cuando veo a alguien –que no son
muchos- fumando, cojo el carrito y me voy detrás de él para recoger
la colilla cuando la tire al suelo”. Y nos partíamos de risa los dos.
“Hombre –le dije- es el lado positivo del asunto”. “¿Positivo? a ti te
quería ver yo seis horas callejeando con la escoba para no recoger ni
un papel”. Y tenía razón, toda la razón y nada más que la razón.
Sin embargo, Juan seguirá cubriendo el turno de limpieza que le
corresponda, aunque no haya ni un tique de compra sobre el suelo.
Él, como otros tantos, está obligado a seguir con la tarea del “por si
acaso”. Que nunca se sabe. Y ese “acaso” no deja de ser amparar con
su presencia las calles de su distrito porque en cualquier momento,
tendrá que sacar la pala y el escobón para recoger, aunque sólo sea,
una miserable colilla.
¿Qué por qué os lo cuento? Porque la vida sigue, continúa siempre. Y
esto que nos está ocurriendo ahora –a vosotros en mayor medida-
pasará. Y, de nuevo, volveremos a nuestras rutinas, a nuestros
ambientes… a nuestros problemas diarios (muchísimas veces,
benditos problemas). Así que ya sabéis todos (incluyo en el término
el femenino), ánimo, mucho ánimo que, como os decía, estáis en las
mejores manos. Dentro de poco nos vemos. Abrazos apretados.

Julio

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